Valverde de los Arroyos: las Chorreras de Despeñalagua y Umbralejo. Guadalajara.


Hace unos días nos escapamos el fin de semana a Guadalajara. Queríamos desconectar, conectar, pasear, disfrutar de los que nos ofrece la naturaleza, y descubrir los llamados Pueblos de Arquitectura Negra.


Nuestro punto de partida, Valverde de los Arroyos, una pequeña aldea donde la pizarra y la piedra se adueña de las casas, plazas y calles.


Nos dirigimos directamente a la parte alta del pueblo que es dónde se encuentra un gran campo de fútbol, un parque infantil y un gran escenario paisajístico a los pies del Pico Ocejón. Bien merece la pena parar, mirar, respirar, correr, jugar...  


Cerca de la portería de fútbol se encuentra el cartel con las diferentes rutas que puedes hacer: Pico Ocejón, Majalrayo y Chorreras de Despeñalagua.  



Camino hacia a las Chorreras de Despeñalagua.

El recorrido es de 2km ida y 2km vuelta, apto para casi todos y todas (no para ir con carro de niño). Al principio se atraviesa los huertos hasta que vamos adentrándonos en paisaje de roca y barrancos, en el que encontraras zonas con bastantes piedras, algunas partes que quizás haya que tener un poco de precaución y un arroyo que se cruza en el que tener cuidado si no quieres mojarte los pies. Lo mejor, el sonido de la caída de agua que se escucha con más fuerza según vas acercándote. 


Durante el recorrido discurre al lado una reguera de agua que parte de la Chorrera y llega hasta el pueblo. Cuentan que hace muchos muchos años, Agapito, uno de los paisanos del pueblo, realizó dicha obra tras el empeño de llevar el agua al pueblo y a las huertas.  Al principio sus vecinos no le creían, tomándole por loco. Fue ya llegando al pueblo cuando se dieron cuenta de su gran hazaña y todos se volcaron en ayudarle. 


El camino acaba en una pradera, dónde acabó nuestra ruta. Desde aquí un sendero lleva a los pies de las Chorreras, pero había hielo y bastante agua dificultando el acceso a los más pequeños. 

Os confieso que me dio mucha rabia no terminar la ruta, estaba al lado, incluso llegue a asomarme un poco (realmente intentaba escaparme yo sola), no podía creer que me iba a perder ver las cascadas. Entonces respiré y recordé una de las reflexiones que escribió Maribel de Divertydoo, ¿para qué viajas? ¿cuál es el objetivo de esta escapada? Me dí media vuelta y vi a mis hijos disfrutando con las piedras, los palos, corriendo de un lado para otro... "mira mami". Mi objetivo estaba más que cumplido. 


Después de comer y aprovechando que paro de llover fuimos directos a Umbralejo


En los años sesenta sufre una fuerte emigración quedando en el abandono. Pero se salvo gracias al programa de recuperación de pueblos abandonados, empezando así su reconversión en forma de una infraestructura de apoyo al sistema educativo acogiendo cada semana a estudiantes de secundaria.

El pueblo está a pocos kilómetros de Valverde, y hay que tener cuidado porque está un poco mal indicado y es fácil pasarse. No puedes acceder con el coche, lo tienes que dejar en una esplanada a modo de aparcamiento y acceder andando por el camino entre pinos y encinas. 


Umbralejo te ofrece seguir disfrutando de uno de los pueblos negros típicos de la zona al haberse reconstruido a base de pizarra y barro. Las casas han sido habilitadas como aulas, alojamientos, comedores, talleres... los cuales puedes ver a través de las ventanas ya que las puertas están cerradas. 


Estuvimos solos en el pueblo, una sensación quizás un poco rara. Un pueblo para correr, gritar, pues no íbamos a molestar a nadie. Bueno quizás a un burro que andaba por allí. 


No esperes ver antenas, ni cables, ni un restaurante, tienda o bar. Además hay un horario de visita para el turismo.


El sol ya caía junto al frío, además los peques ya estaban cansados, era hora de volver al apartamento rural en el que nos alojamos. Mañana será otro día.

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